Volviendo a su vocación
Volviendo a su vocación
Durante 51 años, Auguste llevó un estilo de vida sano y activo. Se entrenó en el ejército senegalés, formó una familia y, finalmente, encontró su verdadera pasión: trabajar como maestro de escuela para inculcar “la capacidad intelectual para poder gobernar el país.“
“Este tipo de afección se ve en países como Estados Unidos, pero en fases muy tempranas”, explica el Dr. Josh Wiederman, cirujano otorrinolaringólogo estadounidense. “Con las radiografías rutinarias de los exámenes dentales, estas lesiones se detectan antes de que puedan verse desde el exterior”.
Sin embargo, debido a la falta de atención médica en el país de Auguste, su afección siguió creciendo. En los años siguientes, se convirtió en un tumor enorme que le sobresalía de la mejilla y la boca.
Lleve esperanza y sanidad a personas como Auguste
Nota: video disponible únicamente en inglés.
“A sus 64 años, Auguste se había visto obligado a recluirse, saliendo sólo antes del amanecer por miedo a la reacción de los vecinos. La incomprensión de muchos en su comunidad les hizo creer que acercarse a Auguste supondría “contaminarse”.
“Todas mis actividades han cesado”, afirma Auguste. “En realidad no hago nada.”
La principal de sus pérdidas fue su profesión. Como sus alumnos le temían por considerarle un “monstruo”, Auguste se dio cuenta de que su tumor distraía de sus clases, y el Ministerio de Educación acordó que lo mejor sería que abandonara las aulas, así como su cargo de director.
Desesperado por volver a la vida que tanto apreciaba, Auguste buscó por todas partes durante años atención quirúrgica, pero mirara donde mirara, la sanidad estaba fuera de su alcance. Entonces, un día, oyó hablar de un buque hospital atracado a escasas diez millas de su casa.
Cuando Auguste subió a bordo del Global Mercy, no sólo estaba descorazonado por su estilo de vida aislado, sino que también luchaba contra las limitaciones físicas que su enfermedad le estaba causando. Comía con dificultad y sólo podía hablar con la comisura de los labios. La gran masa del tumor también le dificultaba apoyar la cabeza cómodamente, por lo que no podía dormir.
Cuando por fin entró en el quirófano para ser operado, Auguste estaba aturdido. Estaba listo para recuperar su vida: “Tienes que abrirte tú mismo, entonces alguien puede ayudarte, y ustedes me han ayudado.”
Tras una operación exitosa, Auguste pudo verse la cara en el espejo sin tumor por primera vez en 13 años. Seis semanas después, Auguste recibió el alta del hospital flotante y volvió a casa con su esposa Claire, sus hijos adultos y sus nietos pequeños. Paseando libremente por el barrio, fue recibido con alegría e incredulidad.
“No puedo explicar sus reacciones cuando me vieron después de la operación”, dijo. “Me recibieron muy bien”.
Empezar su próximo capítulo como educador de repente parecía posible, y Auguste vio un mundo de posibilidades. Ahora soñaba con abrir nuevas escuelas “para reducir el desempleo” donde fuera necesario en todo Senegal. “En cuanto me sane”, dijo.
Pero cuando Auguste volvió a su escuela primaria por primera vez en seis años, descubrió que estaba precisamente donde tenía que estar.
“Estamos muy contentos de tenerlo de vuelta en la escuela porque no sabíamos qué hacer”, admitió Mamadou Bamba Ndiaye, que ejerció de director tras la jubilación de Auguste. “Hemos esperado tanto tiempo.”
Aunque tardará tiempo en volver a poner en marcha su escuela, Auguste sigue teniendo en mente abrir otras en el futuro, empezando por una en Touba, la segunda ciudad más grande de Senegal. Para Auguste, su vocación es clara: “Sólo estoy aquí para ayudar a los niños desfavorecidos y huérfanos, para enseñarles si tengo los medios.”